Spirou y los herederos

Si Hay un brujo en Champignac fue la carta de presentación, Spirou y los herederos fue su primera gran aventura. Grande por la extensión, por la variedad de localizaciones y por a quien tenían que enfrentarse, el primo malvado de Fantasio, Zantafio.
El tío de Fantasio ha muerto y sus familiares han sido llamados ante su notario para saber que ha dejado a cada uno de ellos. Los reunidos son pocos, Fantasio, su primo Zantafio, su tía Matilde y su prima Ernestina. Tras el legado a las dos damas, el resto de las propiedades y riquezas del tío de Fantasio son legadas enteramente a uno de sus dos sobrinos, para saber quién, deberán superar tres pruebas, el que las supere con mayor habilidad será su heredero. La primera de ellas es inventar algún objeto original y útil. La segunda es participar en una carrera y quedar entre los seis primeros clasificados, y la última, y más difícil es capturar vivo a un extraño animal que habita en la selva de Palombia, un país suramericano. Quien cumpla estas tareas y lo haga mejor que su rival, recibirá el legado de su tío.


Además de la incorporación del primer villano de Spirou, este álbum cuenta con un nuevo personaje que conseguirá entidad propia con el paso del tiempo, el Marsupilami, que se convierte en compañero habitual de Spirou, Fantasio y Spip de ahora en adelante.
Sin duda alguna, en Spirou y los herederos Franquin dio rienda suelta a sus pasiones, los coches son dibujados con el máximo número de detalles, creó personajes impresionantes que tuvieron la consistencia argumental para perdurar en el tiempo, y dejó claro porque la editorial Dupuis y la revista Spirou lo escogieron a él para que se encargara en solitario de la serie de Spirou y Fantasio.