El cinturón polar

Fantasio ya ha cometido otra de sus locuras, se ha gastado todo el dinero que les quedaba para pasar las vacaciones en un barco, y no en un gran yate reluciente, sino en una cáscara de nuez —algo en lo que Spip no coincide— con la que pretende surcar los mares. Tras unos arreglos para que flote, se ponen en marcha y Spirou acepta que hasta cierto punto la idea puede haber sido buena, hasta que un repentino frío los envuelve. Entre la ventisca y los icebergs generados en ese mismo instante, aparece un hombre, un científico que les dice que eso es una herramienta de defensa. Tras llevarlos a una misteriosa isla, les presenta a sus compañeros y les explica sus motivos. Este grupo de grandes inventores se ha recluido en esa isla y se ha protegido de esa manera para evitar que sus creaciones caigan en malas manos, y pretenden huir a un planeta donde sí les sea posible utilizarlas. Y las «malas manos» de las que huyen no están muy lejos, algo que llevará a nuestros héroes a ayudar a estos misteriosos científicos.


Tras la marcha de Fournier, el dibujante Nic y el guionista Cauvin —uno de los pilares de la revista Spirou durante años— unieron fuerzas para crear una trilogía con argumentos entrelazados que recorrerá los tres álbumes que firmen. A pesar de que no se diga, estos tres álbumes, así como la elección de sus autores, lleva a ver estas aventuras como un paréntesis en las historias de Spirou y Fantasio. Tan solo aparecen los dos protagonistas y Spip, no se introducen personajes nuevos que puedan perdurar en el tiempo, y todo se basa en un guión que Cauvin escribió —seguramente escribió las tres partes de un tirón— y Nic las fue ilustrando. Sin duda, la etapa Nic-Cauvin, fue una solución tras la repentina marcha de Fournier, y mientras se buscaban a los nuevos responsables de la colección. A pesar de ello, los autores demuestran su talento con un brillante guión y unos dibujos impresionantes.